Iniciativa impulsada por JUNAEB y JUNJI, con apoyo de ONG Chile Pro, la Municipalidad de Penco y Fundación CMPC, ofreció contención, recreación y acompañamiento a una treintena de menores durante el verano.
Tras la emergencia provocada por los incendios forestales que afectaron a la Región del Biobío durante enero —y que dejaron pérdida de vidas humanas, viviendas destruidas y miles de hectáreas de bosque dañadas—, las acciones de solidaridad continúan desarrollándose en distintos territorios, muchas veces lejos de la atención mediática inicial, pero con un impacto profundo en las comunidades.
Uno de esos ejemplos fue la Escuela Abierta de Emergencia Lirquén, una iniciativa que durante dos semanas entregó a niños y niñas un espacio de contención emocional, recreación y convivencia, en un momento en que muchas familias aún enfrentan las consecuencias de la catástrofe.
El programa se desarrolló entre el 13 y el 27 de febrero en el jardín infantil Manitos Pintadas, convocando a cerca de 30 niños y niñas de entre 5 y 12 años provenientes de sectores de Penco y Lirquén.
Durante ese período los menores participaron en talleres de autocuidado, actividades deportivas y juegos de integración, además de recibir alimentación diaria con desayuno, almuerzo y colación. El objetivo fue ofrecer un entorno seguro que permitiera a los niños recuperar espacios de convivencia, juego y tranquilidad en medio del proceso de recuperación de sus comunidades.
Un círculo virtuoso de colaboración
La iniciativa también evidenció cómo, frente a situaciones de emergencia que afectan especialmente a los niños, la cooperación entre instituciones públicas, privadas y organizaciones sociales puede actuar con rapidez y sentido de urgencia, dejando de lado la burocracia para concentrarse en lo esencial.
En este caso, el programa fue impulsado por JUNAEB y JUNJI, con el apoyo de ONG Chile Pro, la Municipalidad de Penco y la Fundación CMPC, generando una alianza que permitió entregar apoyo socioemocional y espacios de recreación a los menores durante el período estival.
La colaboración entre estas instituciones permitió organizar talleres, actividades deportivas y una jornada especial al aire libre, transformando el verano en una instancia de encuentro, juego y recuperación emocional para los niños.
El cierre del programa se realizó con una jornada recreativa en el balneario de CMPC en el sector Escuadrón, en la comuna de Coronel, donde los participantes disfrutaron de actividades al aire libre en el entorno natural de la Laguna La Posada.
Anita Saravia, directora (s) de JUNAEB, destacó el valor de estas alianzas para generar espacios seguros para los niños. “Nos encontramos en el balneario de los funcionarios de la Empresa CMPC, aprovechando la instancia, oferta, el nexo, que hemos hecho con esta alianza público-privada entre la CMPC y JUNAEB, que nos ha permitido que nuestros niños y niñas de la Escuela de Emergencia hayan podido venir y disfrutar y aprovechar este espacio que brinda todas las comodidades para que los niños estén en un espacio sano, seguro, y además puedan divertirse y así nosotros como JUNAEB mantener nuestro compromiso de entregar apoyo y herramientas de nuestros niños y niñas de las comunas de Penco y Lirquén”, expresó.
Desde la ONG Chile Pro, la encargada de salud Nicole Ramírez valoró la experiencia señalando que este tipo de actividades permite a los menores reconectarse consigo mismos y desconectarse, por un momento, de las situaciones difíciles que han vivido sus familias.
Por su parte, Teresa Bravo, gestora territorial de CMPC, valoró el cierre del programa. “Estamos muy gratos de recibir hoy día a los niños del programa de verano por la emergencia Penco-Lirquén en su cierre de programa. Esperamos que tengan un bonito cierre y que esto sea una ayuda para quienes han pasado por momentos complejos”.
La voz de los protagonistas
Para los propios niños, la experiencia significó mucho más que una actividad recreativa. Fue una oportunidad para compartir, jugar y recuperar espacios de normalidad.
Alonso, uno de los participantes comentó que “me gusta porque tiene varios lugares para correr y me ayuda a aprender más cosas y ser más ingenioso”.
Sugeidys, en tanto, destacó la posibilidad de convivir con otros niños y desconectarse de la rutina digital. “Lo que más me gustó es que puedo convivir con otras personas y no estar pegada al celular o televisor; he hecho varios amigos”.
Finalmente, Isabella resumió el sentir del grupo. “La escuelita ha sido una distracción de todo lo que ha pasado en Lirquén. Los profesores han sido muy amorosos y generosos”.
De esta manera, la experiencia dejó en evidencia que, frente a situaciones de crisis que afectan especialmente a niños y niñas, la colaboración entre instituciones públicas, organizaciones sociales y el sector privado puede generar respuestas concretas y oportunas. Un círculo virtuoso que permitió ofrecer a estos menores un espacio de juego, amistad y tranquilidad durante sus vacaciones.
Redacción El Fuerte Noticias



















