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La alfombra de la indiferencia: la poca empatía en la Noche Valdiviana

Son las 3 AM. El eco de los fuegos artificiales se ha extinguido y la postal es post-apocalíptica: toneladas de basura forman una alfombra infinita que cubre toda la Costanera e, incluso, los juncos del río, Miles de personas se fueron a dormir sin recoger su basura mostrando con esto cero conciencia por la ciudad que están visitando.

Lo que para algunos es un espectáculo masivo inolvidable para otros es una pesadilla ambiental. No podemos menospreciar los esfuerzos, si bien cada año se invierte tiempo en idear un plan de aseo y reciclaje, este plan nunca es suficiente para amortiguar el hecho de que 60 mil personas (2026) o 350 mil personas (2025) decidan ensuciar nuestra amada Costanera al mismo tiempo, ninguna logística es capaz de contener el impacto de una multitud que decide, al unísono, asfixiar su propia costanera.

Para los que nunca han vivido una Noche Valdiviana la cosa transcurre más o menos así: son las 20 hrs. del sábado más importante del año y miles de personas deambulan como sumergidos en una fiebre de consumismo que los hace producir toneladas de basura, basura que lamentablemente muchos botarán al suelo. Algunos más considerados le achuntarán a algún contenedor de basura, pero la mayoría dejará sus “ofrendas” tiradas, como si la Costanera y el río fueran un gigantesco vertedero.

Son las 3 AM. El eco de los fuegos artificiales se ha extinguido y la postal es post-apocalíptica: toneladas de basura forman una alfombra infinita que cubre toda la Costanera e, incluso, los juncos del río, Miles de personas se fueron a dormir sin recoger su basura mostrando con esto cero conciencia por la ciudad que están visitando y que los recibió, y cero consideración por el personal de aseo que en la madrugada con esfuerzo y dedicación vendrá a limpiar y dejar todo perfecto,

Es el triunfo de la indiferencia. Mientras la ciudad duerme, la cuadrilla de aseo – invisible para la masa – se prepara para borrar las huellas del desastre a las 6:00 am. Lo más curioso es que, si preguntamos, nadie es culpable, todos esgrimen el mismo escudo “yo jamás botaría basura al suelo”. Estamos, entonces, destinados a nunca detectar a ese personaje misterioso que deja así nuestra Costanera.

¿Y si lo encontraras te atreverías a decirle algo? Te respondería que es por una brecha socio cultural, que nunca nadie le enseño a botar la basura correctamente porque tuvo falencias educativas y tú, seguramente, le dirás que esto no tiene que ver con educación ni con aspectos socioeconómicos, sino que es más bien sentido común y empatía. Quizás en ese diálogo no llegarán a nada y esa persona seguirá botando su basura al suelo. ¿Entonces qué hacemos con esa persona que dice “total, los de aseo pasan después limpiando”?, ¿cómo hacemos llegar el mensaje a esa persona tocando su conciencia para insertarle la dosis de empatía que le falta?, ¿es acaso una batalla perdida?

Esa noche del 28 de febrero gracias a las valiosas gestiones de Aseo y Ornato se instalaron más basureros que nunca, pero a pesar de eso la gente siguió tirando su basura al piso. Esa noche gracias a Fundación Ecobarrios, al Departamento de Medio Ambiente de la Municipalidad y a las empresas de reciclaje Unidad, 27 recolectores se encargaron de recolectar todas las latas y botellas del suelo para reciclar e impedir que en la madrugada sea llevado todo al vertedero. Sin embargo, a pesar de eso la gente siguió ensuciando. Muchos pensarán que estas medidas son una gota en el océano, pero por alguna acción debemos comenzar, ¿no?.

Qué tal si hacemos el ejercicio de pensar positivo, visualizando el siguiente escenario: en el futuro, nuestra Noche Valdiviana será limpia; los detestables spray de colores estarán al fin prohibidos; el 100% de los residuos reciclables serán reciclados; el 100% de la basura estará dentro de los basureros y la persona misteriosa botará su basura al suelo, la quedará mirando un rato y dirá “no, mejor me la llevo” y de verdad, al fin, se la llevará. El verdadero triunfo no será entonces el barco mejor decorado, sino el momento en que ese «personaje misterioso» lo piense mejor y decida ser empático, ese día. Finalmente, habremos entendido que la belleza de Valdivia no le pertenece al espectáculo, sino a la forma en que la cuidamos.

Por Francisca San Martín, Fundación Ecobarrios

 

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