A dos años de cumplirse el bicentenario de su incorporación a la República de Chile, Chiloé trabaja en la implementación de un plan que busca honrar su rica historia, como último bastión español, y proyectar un desarrollo basado en su identidad cultural. Con 158 mil habitantes y una fuerte presencia indígena, el archipiélago enfrenta el desafío de equilibrar conservación y modernidad.
El archipiélago de Chiloé se apresta para conmemorar el bicentenario de su incorporación al territorio nacional, tras ser el último bastión de la corona española en la República de Chile. Sin dudas, es un territorio mágico, que le atribuyen a ese puñado de islas, desperdigadas en el entre el Pacífico y los golfos interiores, una forma de vida particular: navegante, comunitaria y cargada de relatos.
La geografía, el aislamiento relativo, y la falta de conectividad favorecieron el surgimiento de una cosmovisión mítica poblada por seres sobrenaturales —como el Caleuche, la Pincoya, el Trauco o el Invunche—, junto a una gastronomía propia basada en el mar, la papa nativa, los curantos y la cocina en fogón, y una mística social caracterizada por la solidaridad, el trabajo colectivo,y los oficios tradicionales.
Gracias a esta mezcla singular de territorio, historia y espiritualidad, Chiloé se proyecta como uno de los espacios culturales más distintivos de Chile, donde la geografía no solo delimita el mapa: define una forma de ser y de entender el mundo.
Hoy la comunidad chilota junto a autoridades, mundo académico y sector privado, trabajan para hacer del bicentenario un hito histórico que refuerce la identidad del territorio y lo proyecte hacia el futuro.
ÚLTIMO REDUCTO ESPAÑOL

El archipiélago de Chiloé, colonizado por los españoles en el siglo XVI, fue uno de los principales enclaves estratégicos del sur del continente americano y, al mismo tiempo, el último bastión de la corona española en el país, tras la independencia de Chile. Mientras la República se consolidaba en el continente, el archipiélago permaneció bajo dominio español hasta 1826, cuando fue incorporado definitivamente al país después de la Campaña de Chiloé. Sus fortificaciones en Ancud, Castro y otros puntos recuerdan este pasado hispánico-militar.
Hoy, con 158.442 habitantes según el Censo 2024, enfrenta un marcado envejecimiento demográfico y cuenta con una fuerte presencia indígena (26,9%), condiciones que obligan a proyectar un futuro basado en infraestructura, conectividad, crecimiento económico y preservación del patrimonio cultural, ya que Chiloé sostiene una identidad única fundada en la mitología, la religiosidad popular, la gastronomía, la arquitectura en madera y los oficios tradicionales.
Para enfrentar los desafíos de esta conmemoración, autoridades regionales y nacionales definieron el Plan Bicentenario, una estrategia que contempla líneas de trabajo en turismo sostenible, patrimonio cultural y arquitectónico, educación, ciencia e investigación, biodiversidad, gobernanza del “maritorio” e infraestructura con pertinencia territorial.
AUTORIDADES ANUNCIAN MEDIDAS
En febrero, el Ministro de Economía, Fomento y Turismo, Nicolás Grau, presentó ante la Asociación de Municipios de Chiloé un conjunto de iniciativas sectoriales que forman parte del proceso Bicentenario. Su cartera definió 36 programas de fomento orientados a pesca, turismo y desarrollo productivo, con una inversión estimada de 8.000 millones de pesos, a ejecutarse entre 2025 y 2027. La puesta en marcha comienza con un ingreso inicial de 2.000 millones de pesos, de los cuales 1.700 millones se destinarán a fortalecer la pesca artesanal a través de Indespa, mientras que Corfo articulará las líneas vinculadas al turismo y la diversificación productiva.
La reunión —que contó con la participación del gobernador regional Alejandro Santana, la delegada presidencial Paulina Muñoz y los alcaldes de las 10 comunas del archipiélago— destacó la necesidad de establecer una gobernanza público-privada que permita sostener la coordinación entre municipios, gobierno central, servicios regionales, sociedad civil y sector empresarial. “La región de Los Lagos, y en particular Chiloé, tiene una gran oportunidad para fortalecer su economía a propósito de las obras de infraestructura que aquí se van a realizar”, señaló el ministro en la oportunidad, enfatizando que el gran desafío que implica la ejecución coordinada del plan.
Estas medidas sectoriales entregan por primera vez una dimensión concreta al Plan Bicentenario desde el ámbito económico, y permiten vincular los desafíos identitarios del archipiélago con acciones programáticas específicas orientadas a fortalecer su matriz productiva de manera sostenible.
UN TERRITORIO EN TRANSFORMACIÓN

Recientemente, el seminario “Chiloé 200 años: ConCiencia y Desafíos” reunió a académicos, científicos, pueblos originarios y organizaciones locales para reflexionar sobre la historia geológica, arqueológica y cultural del archipiélago. La actividad abordó temas como la geología y arqueología de Chiloé, su biodiversidad y ecosistemas, el patrimonio religioso y arquitectónico en madera, la cosmovisión huilliche y los desafíos de gobernanza del maritorio, articulando una mirada integral que combina ciencia, identidad y territorio.
Más que un encuentro académico, el seminario se consolidó como un espacio estratégico dentro del proceso del Bicentenario, al abrir discusiones sobre turismo sostenible, preservación del patrimonio cultural e innovación para el desarrollo local. Las autoridades destacaron la necesidad de incorporar el conocimiento ancestral y la participación comunitaria en la toma de decisiones, fortaleciendo un enfoque de desarrollo que reconozca a Chiloé como un ecosistema social, cultural y natural único, donde el futuro debe construirse a partir de su identidad profunda y su historia de larga duración.
Asimismo, el futuro de Chiloé estará marcado por obras estratégicas como el Puente Chacao. La construcción de la infraestructura, a cargo del Consorcio Puente Chacao liderado por Hyundai Engineering & Construction, se ha convertido en la obra más emblemática del sur de Chile y en un símbolo del futuro del archipiélago. Con una extensión cercana a los 2,7 kilómetros, será el puente colgante más largo de Latinoamérica y representa una inversión superior a los 761 mil millones de pesos, luego de ajustes derivados del acuerdo por sobrecostos firmado entre el MOP y la empresa constructora. Durante su ejecución, la obra ha movilizado a más de un millar de trabajadores entre operarios, técnicos e ingenieros, y mantiene un avance que en 2025 ya supera el 58%, con los pilares norte, sur y central en diversas etapas de obra gruesa.
Más allá de su magnitud técnica, el puente define un cambio histórico para Chiloé. Reducirá a minutos un cruce que por más de un siglo dependió de las mareas, los transbordadores y los vientos del golfo de Ancud, integrando al archipiélago de manera permanente al territorio continental. Su entrada en operación, prevista para octubre de 2028, no solo transformará la conectividad, sino también la economía, el turismo y el acceso a servicios, reforzando el debate sobre cómo equilibrar desarrollo e identidad en un territorio cuya singularidad cultural y ambiental es parte esencial del proyecto Bicentenario.
OPORTUNIDAD HISTÓRICA
Chiloé enfrenta un momento decisivo. Su Bicentenario no debe limitarse a actos simbólicos, sino convertirse en una oportunidad real para consolidar un modelo de desarrollo basado en su identidad, su patrimonio natural y su fortaleza comunitaria. Para ello será indispensable el Plan Bicentenario, definir proyectos priorizados, asegurar financiamiento y establecer plazos verificables, que reduzcan la incertidumbre que por momentos pueda surgir respecto a la efectividad de lo anunciado, en especial, cuando en marzo próximo asumirá un nuevo gobierno, independiente del sello político que éste tenga. Solo así se podrá responder a la estatura histórica y cultural de uno de los territorios más singulares del país.
Marcelo Patroni, director de El Fuerte Noticias




















