Cada proceso electoral despierta algo mas que opiniones políticas: moviliza emociones, esperanzas y temores. El actual escenario presidencial en Chile ha generado un clima de alta sensibilidad emocional, donde la incertidumbre y la polarización se cuelan en las conversaciones cotidianas. No es casualidad, cuando el futuro de un país se pone en juego, también se agita su alma colectiva.
Desde la psicología, comprendemos que en tiempos de cambio las personas buscamos certezas, pertenencia y validación. Cuando sentimos que nuestras ideas son desafiadas o que el otro no comprende nuestra visión, emergen la frustración, el enojo o el cansancio emocional. Este fenómeno no solo toca lo individual; también erosiona vínculos, desgasta la confianza y amplía las distancias entre quienes comparten un mismo territorio y una misma historia.
Cuidar la salud mental en este contexto significa detenerse, respirar y recordar que una elección no define quienes somos. Informarse con equilibrio, reducir la sobrexposición a redes y practicar la empatía son pequeños actos de autocuidado que fortalecen el bienestar.
Como comunidad también necesitamos reencontrarnos en la escucha y el respeto. Reconocer que la diversidad de miradas puede ser una riqueza, no una amenaza. Las elecciones pasaran pero el tejido humano que nos sostiene seguirá aquí.
Porque el país que soñamos comienza en algo tan simple, y tan profundo, como la forma en que nos miramos y nos hablamos cada día.
Patricia Rivera Ruiz, psicóloga clínica







