Caminar por los senderos en altura es una invitación a la contemplación. Cada mirador ofrece una postal distinta, donde la naturaleza se muestra en su estado más puro
El Volcán Osorno es un destino que cambia de rostro con las estaciones, pero que mantiene intacta su capacidad de asombro durante todo el año. En invierno, sus laderas blancas se convierten en uno de los principales centros de esquí del sur de Chile, donde principiantes y expertos disfrutan de la nieve, las pistas y el inconfundible paisaje que une montaña, lago y bosque.
Con la llegada de la primavera y el verano, el Centro de Montaña Volcán Osorno sigue recibiendo visitantes que buscan una experiencia distinta, lejos del ritmo urbano. Los andariveles continúan funcionando, permitiendo ascender suavemente por antiguos campos de lava, testigos silenciosos de la historia geológica del volcán. Desde lo alto, el paisaje se abre en todas direcciones: el Lago Llanquihue, los volcanes Calbuco y Puntiagudo, y la cordillera de los Andes conforman un escenario difícil de olvidar.
Caminar por los senderos en altura es una invitación a la contemplación. Cada mirador ofrece una postal distinta, donde la naturaleza se muestra en su estado más puro. Es también un lugar privilegiado para la fotografía, donde en un solo encuadre conviven la nieve, el verde de los bosques y el azul profundo de los lagos.
La experiencia se completa con una pausa en el refugio del centro de montaña, donde una cafetería y propuestas gastronómicas permiten disfrutar del entorno con una vista única al Parque Nacional Vicente Pérez Rosales. Ya sea para recorrer sus senderos, visitar los Saltos del Petrohué o navegar por el Lago Todos los Santos, el Volcán Osorno se presenta como el complemento perfecto para una jornada de naturaleza y aventura, ofreciendo una experiencia que invita a volver en cualquier época del año.
Prensa El Fuerte Noticias



















