A más de 7.000 metros de profundidad, en una de las zonas menos exploradas del océano Índico, un equipo internacional de científicos identificó una extensa acumulación de restos de cetáceos que abre una ventana poco común hacia la vida —y la muerte— en las profundidades marinas.
El hallazgo fue realizado en la Zona Diamantina, una fractura del fondo oceánico ubicada al oeste de Australia. Allí, investigadores de China, Italia y Nueva Zelanda documentaron cientos de restos de ballenas distribuidos a lo largo de unos 1.200 kilómetros de lecho marino. Según el estudio publicado en la revista Nature, algunos fósiles tienen una antigüedad de aproximadamente 5,3 millones de años, lo que convierte al sitio en el cementerio de ballenas más antiguo, profundo y extenso registrado hasta ahora.
Los científicos exploraron el área con el sumergible tripulado Fendouzhe, capaz de descender a las mayores profundidades oceánicas. Durante las inmersiones encontraron restos fósiles y también comunidades actuales asociadas a cadáveres de ballenas, conocidas como “caídas de ballena”: cuerpos de cetáceos que, al hundirse hasta el fondo marino, se transforman en fuente de alimento y refugio para numerosas especies.
El primer indicio no fue evidente. Peng Zhou, geólogo de aguas profundas del Instituto de Ciencia e Ingeniería de Aguas Profundas de la Academia China de Ciencias, explicó que, al comienzo, no reconocieron los restos como huesos de ballena porque estaban cubiertos por óxidos de ferromanganeso. Aun así, el equipo advirtió que se trataba de algo inusual, recolectó muestras y luego comenzó a encontrar más fósiles similares en nuevas inmersiones.
En estos ecosistemas extremos, donde no llega la luz solar y la presión es inmensa, los esqueletos sostienen comunidades de organismos especializados, entre ellos estrellas frágiles, moluscos, crustáceos, anémonas, pepinos de mar y gusanos capaces de perforar huesos. Muchas de estas especies podrían ser desconocidas para la ciencia.
“Este descubrimiento demuestra que estos ambientes extremos e inexplorados albergan especies y ecosistemas todavía desconocidos para la ciencia”, señaló Giovanni Bianucci, paleontólogo de la Universidad de Pisa y coautor del estudio. Para el investigador, el hallazgo también muestra que la vida puede adaptarse y evolucionar incluso en condiciones donde no hay luz y la presión es extremadamente alta.
Entre los restos identificados hay ballenas actuales y extintas, especialmente zifios, un grupo de cetáceos de inmersión profunda del que aún se sabe relativamente poco. Bianucci explicó que muchos de los restos corresponden a rostra —la parte anterior alargada del cráneo—, estructuras particularmente resistentes a la degradación y, en varios casos, cubiertas por costras minerales que favorecieron su preservación. El equipo también describió una nueva especie fósil, Pterocetus diamantinae, bautizada en referencia a la zona donde fue encontrada.
La magnitud del hallazgo sorprendió incluso a especialistas que no participaron en la investigación. Jon Copley, profesor de exploración oceánica y comunicación científica de la Universidad de Southampton, lo calificó como un descubrimiento raro, no solo por tratarse de la colonia de animales asociada a caídas de ballena más profunda conocida hasta ahora, sino también por la abundancia de esqueletos modernos y fósiles en un mismo lugar. Para Copley, las caídas de ballena funcionan como hábitats aislados en el fondo marino, pero son mucho más difíciles de encontrar que otros ambientes profundos porque no pueden detectarse fácilmente a distancia.
La concentración de restos plantea una pregunta central: por qué tantas ballenas terminaron allí. Los autores sugieren que la Zona Diamantina podría coincidir con rutas migratorias de algunas especies y, al mismo tiempo, funcionar como un hábitat de alimentación para zifios que se sumergen a grandes profundidades en busca de calamares y peces. La forma del fondo marino, marcada por cañones, grietas y depresiones, también pudo favorecer la acumulación de cuerpos durante millones de años.
Xikun Song, investigador en biodiversidad marina y autor del estudio, sostuvo que estos hallazgos redefinen la comprensión sobre los límites y la distribución de los ecosistemas asociados a caídas de ballena. También muestran que algunos fondos oceánicos pueden actuar como archivos fósiles capaces de conservar pistas sobre la evolución de los cetáceos a escala geológica.
La importancia del sitio es doble. Por una parte, permite estudiar cómo ciertos animales marinos han cambiado durante millones de años. Por otra, revela que los cadáveres de ballena siguen sosteniendo vida mucho después de la muerte del animal. Como resumió la investigadora Natacha Aguilar de Soto, del Instituto Español de Oceanografía, las ballenas continúan fertilizando el océano incluso después de morir.
Más que un cementerio inmóvil, la Zona Diamantina aparece como un archivo natural y un ecosistema activo. Los huesos de ballena, preservados durante millones de años, ofrecen una ventana poco común a la historia evolutiva de estos animales. Y al mismo tiempo muestran que, incluso en la oscuridad más profunda del océano, la muerte de un gigante marino puede sostener nuevas formas de vida.
Redacción El Fuerte Noticias
















