La regulación comenzó a regir este 17 de junio y obliga a las empresas a incorporar tecnologías y mejores prácticas para reducir los olores generados por plantas de harina, aceite de pescado y alimento para peces. El principal impacto se concentrará en la Región del Biobío, donde se ubica la mayor cantidad de instalaciones sujetas a la nueva normativa.

