Trece mujeres de Collipulli, Ercilla y Victoria desarrollaron su primera colección de sweaters tejidos a mano, transformando un oficio tradicional en una oportunidad de generación de ingresos y valorización del trabajo artesanal realizado desde los territorios rurales.
Lo que comenzó como un proceso de aprendizaje para perfeccionar técnicas de tejido terminó convirtiéndose en una oportunidad concreta de desarrollo para trece mujeres de las comunas de Collipulli, Ercilla y Victoria, quienes lanzaron su primera colección de sweaters tejidos a mano y que hoy se comercializa en una de las principales vitrinas del país.
La iniciativa forma parte del programa Primeros Pueblos y permitió que artesanas rurales de La Araucanía trabajaran durante más de un año junto a la diseñadora textil Jandi Gardiazabal para desarrollar prendas que combinan técnicas tradicionales, diseño contemporáneo y trabajo completamente manual.
Muchas de las participantes contaban con conocimientos heredados de generaciones anteriores o habían aprendido a tejer dentro de sus familias. Sin embargo, nunca habían trabajado con patrones de confección profesional ni desarrollado colecciones orientadas a mercados especializados.
A través de encuentros realizados periódicamente en distintos puntos de La Araucanía, las artesanas fueron incorporando nuevas técnicas y conocimientos que les permitieron avanzar desde muestras básicas hasta la elaboración de prendas terminadas de alta calidad.
El resultado fue una colección otoño-invierno compuesta por sweaters y cárdigans confeccionados íntegramente en lana merino, prendas que actualmente se encuentran disponibles para su comercialización en Santiago y a través de plataformas digitales.
La diseñadora textil Jandi Gardiazabal destacó el proceso vivido por las participantes y el crecimiento que experimentaron durante el proyecto.
“Cuando les mostramos lo que queríamos hacer, muchas pensaron que era imposible. Empezamos tejiendo una muestra, después un cuello y luego un sweater, hasta que entendieron que sí podían lograrlo. Ha sido muy emocionante ver cómo crecieron y se empoderaron durante este proceso”, señaló.
Junto con el resultado comercial, las participantes debieron compatibilizar las capacitaciones con las labores propias de la vida rural, incluyendo el trabajo doméstico, el cuidado de animales y las tareas asociadas a huertas familiares.
Precisamente por ello, una de las principales fortalezas del proyecto fue abrir nuevas oportunidades de generación de ingresos desde los propios territorios, permitiendo que las artesanas desarrollaran una actividad económica sin abandonar sus comunidades.
La experiencia también permitió relevar el valor cultural y patrimonial del tejido como expresión de identidad territorial, fortaleciendo conocimientos que forman parte de la historia y la memoria de numerosas familias de La Araucanía.
Detrás de cada prenda hay horas de trabajo, aprendizaje y dedicación, pero también historias de mujeres que transformaron un oficio tradicional en una herramienta de autonomía económica y desarrollo personal, demostrando que los saberes nacidos en el mundo rural pueden encontrar nuevos espacios de valorización sin perder su identidad.
Redacción El Fuerte Noticias














