La investigación identificó biomarcadores de bajo costo que podrían mejorar la estimación de sobrevida en pacientes, aportando evidencia local relevante para la toma de decisiones clínicas.
Una investigación desarrollada en la Región de Los Ríos por la jefa de carrera de Tecnología Médica de la Universidad Santo Tomás en Valdivia, Marcela Soto, está abriendo nuevas posibilidades para mejorar el pronóstico del cáncer de mama triple negativo, uno de los subtipos más agresivos de esta enfermedad.
El estudio, publicado en Estados Unidos por la editorial Taylor and Francis, analizó el comportamiento de este tipo de cáncer en la región y evaluó el potencial de biomarcadores accesibles y de bajo costo para estimar la sobrevida de las pacientes, en un aporte que cobra especial relevancia para sistemas de salud con recursos limitados.
“Este estudio nació en el contexto de mi tesis de postgrado orientada a la caracterización inmunohistoquímica del cáncer de mama triple negativo y a la identificación de posibles marcadores pronósticos de sobrevida. En ese proceso, cobró especial relevancia la Razón Neutrófilos/Linfocitos (NLR), un índice que se obtiene a partir de un hemograma y que ha sido estudiado en distintos tipos de cáncer, aunque con resultados aún no concluyentes en cáncer de mama”, explica Marcela Soto.
El cáncer de mama triple negativo se caracteriza por no presentar receptores hormonales ni sobreexpresión de HER2, lo que limita las alternativas terapéuticas disponibles y lo convierte en un subtipo de mayor complejidad clínica. Si bien representa un porcentaje menor del total de casos, su comportamiento suele ser más agresivo.
En este contexto, uno de los hallazgos más relevantes del estudio fue que la frecuencia de este subtipo en la Región de Los Ríos alcanza un 8,5%, cifra inferior al 10% a 15% reportado a nivel nacional, datos que provienen principalmente de población de Santiago.
Asimismo, los resultados evidenciaron un perfil distinto al descrito en la literatura internacional. El 65% de los casos correspondió a mujeres postmenopáusicas y un 31,2% a pacientes mayores de 65 años, lo que abre nuevas líneas de análisis sobre el comportamiento de la enfermedad en contextos regionales. “Esta diferencia podría explicarse por la frecuente confusión entre el subtipo triple negativo y el subtipo basal, que sí se asocia con mayor frecuencia a mujeres jóvenes y factores hereditarios. No obstante, aunque el subtipo basal es triple negativo, no todo cáncer triple negativo es basal”, señala la investigadora.
El estudio, de carácter retrospectivo, consideró la totalidad de los casos diagnosticados entre 2012 y 2017 en la Región de Los Ríos y puso especial foco en el análisis de dos biomarcadores: la Razón Neutrófilos/Linfocitos (NLR), obtenida a partir de exámenes de sangre, y los Linfocitos Infiltrantes Tumorales (TILs), evaluados en el tejido tumoral.
En el caso del NLR, se observó que las pacientes con valores bajos presentaron una mediana de sobrevida superior a 64 meses, mientras que aquellas con valores altos registraron una mediana inferior a 47 meses. En tanto, respecto a los TILs, las pacientes con bajo nivel de infiltración linfocitaria alcanzaron una sobrevida promedio de 27 meses, mientras que aquellas con niveles altos llegaron a 48 meses.
“Estos resultados sugieren que ambos marcadores podrían tener valor pronóstico, siendo una de las principales fortalezas de estos biomarcadores su accesibilidad. El NLR se obtiene de un hemograma, examen disponible en prácticamente todos los laboratorios del país y de bajo costo, lo que favorece la equidad en la atención. En el caso de los TILs, aunque no se informan rutinariamente, los patólogos cuentan con la formación necesaria para evaluarlos sin requerir tecnologías complejas”, explica Soto.
Más allá de los resultados clínicos, la investigación releva la importancia de generar evidencia desde las regiones. En ese sentido, la académica subraya que contar con datos locales permite comprender mejor el comportamiento de las enfermedades en distintos territorios, considerando factores ambientales, hábitos de vida y condiciones propias de cada zona.
El análisis por comuna evidenció que, si bien Valdivia concentra el mayor número absoluto de casos, al ajustar por población, comunas como Máfil y San José de la Mariquina presentan una mayor incidencia relativa, lo que podría orientar futuras estrategias de prevención, diagnóstico oportuno y políticas de salud focalizadas en la región.
Redacción El Fuerte Noticias


