Lo que comenzó como una búsqueda de tranquilidad tras el estallido social y la pandemia terminó transformándose en un proyecto de vida en La Araucanía, con una propuesta que combina música, degustación y neurociencia.
En 2020, mientras Santiago enfrentaba las consecuencias del estallido social y la pandemia, la emprendedora Carla Prieto comenzó a replantearse la forma en que quería vivir y proyectar su futuro.
Fue en ese momento cuando volvió a mirar un terreno que había adquirido en Pucón una década antes. La idea inicial era sencilla: construir una pequeña cabaña que sirviera como refugio temporal si alguna vez volvía a ocurrir una situación similar.
Sin embargo, la vida tenía otros planes. La cabaña terminó convirtiéndose en una casa. La casa en una nueva forma de vivir. Y esa nueva vida dio origen a uno de los emprendimientos más innovadores que hoy ofrece el principal destino turístico de La Araucanía lacustre.
“Muchas veces uno fuerza las cosas y no resultan. En nuestro caso, las condiciones se fueron dando de manera natural”, relata Carla, ingeniera comercial, especialista en marketing y con estudios de periodismo, quien asegura que siempre ha sido una persona dispuesta a asumir riesgos y explorar nuevos caminos.
“En mi vida siempre he tomado decisiones importantes apostando por nuevos desafíos”, comenta.
La apuesta por comenzar de cero
La llegada a Pucón también significó iniciar una nueva etapa. Acostumbrada a emprender y asumir desafíos, Carla decidió apostar por una idea de vida distinta, construyendo redes, explorando oportunidades y buscando un proyecto que reflejara sus intereses personales.
Fue precisamente en esa búsqueda donde surgió una pregunta que cambiaría el rumbo de esta historia: ¿qué pasiones puedo unir para hacer un negocio entretenido en Pucón?
La respuesta apareció durante una conversación con amigos: el vino y la música.
Entre bromas, sugerencias e ideas compartidas comenzó a tomar forma un concepto que terminaría convirtiéndose en realidad. Incluso el nombre surgió en aquella misma conversación: De Vinilos y Vinos.
El proyecto comenzó con apenas diez botellas que Carla tenía en su casa y algunos vinilos de su colección personal. La oportunidad llegó cuando el gerente del Hotel Pucón le comentó que existía la posibilidad de instalar una tienda dentro del recinto.
Al día siguiente, Carla inició los trámites para obtener una patente comercial. Su intención nunca fue abrir una botillería tradicional, sino un espacio especializado capaz de ofrecer experiencias y productos diferentes.
Lo que nació como una pequeña tienda hoy reúne más de 120 etiquetas provenientes de viñas boutique y pequeños productores de distintas zonas del país.
Además de comercializar marcas exclusivas difíciles de encontrar en supermercados, el lugar se ha convertido en una vitrina para proyectos de menor escala y para viñas emergentes de La Araucanía, entre ellas Aynco, Kutralkura y Quimey, además de productores del Valle del Itata, Limarí y Valle Central.
Cuando la neurociencia entró en la copa
Pero el verdadero sello distintivo de De Vinilos y Vinos apareció cuando Carla comenzó a acercarse a la neurociencia debido a su interés por comprender cómo funciona el cerebro frente a los estímulos sensoriales, lo que la llevó a conocer más sobre la relación entre la música y la percepción del vino.
Descubrió entonces estudios que demostraban que una misma bebida puede generar sensaciones completamente distintas dependiendo del entorno sonoro que la acompaña. A partir de ese conocimiento creó una experiencia inmersiva que hoy llama la atención de las personas que llegan a su tienda.
Los participantes utilizan antifaces y audífonos para aislarse del entorno mientras degustan distintos vinos acompañados por relatos y selecciones musicales cuidadosamente diseñadas.
La propuesta busca demostrar cómo la música puede modificar la forma en que el cerebro interpreta aromas, sabores y sensaciones.
“El vino es exactamente el mismo, pero las personas lo perciben de manera diferente según la música que escuchan. Algunos lo sienten más profundo, otros más ácido, más elegante o más intenso. Lo interesante es que el cambio ocurre en nuestro cerebro”, explica.
Las sesiones se realizan en grupos reducidos y cada maridaje musical es construido especialmente para resaltar determinadas características de los vinos.
Y aunque el vino es el mismo para todos, la experiencia nunca se repite. “Cada persona llega con recuerdos, emociones y experiencias distintas. Hay quienes recuerdan momentos importantes de su vida, otros se emocionan o descubren sabores que antes no habían percibido. Por eso cada experiencia es única”, comenta.
Mucho más que una tienda de vinos
Además de comercializar vinos y discos, Carla distribuye etiquetas a hoteles, desarrolla productos personalizados para matrimonios y continúa perfeccionando una propuesta donde la música, el vino y las emociones se encuentran en una misma experiencia.
Más que una tienda especializada, De Vinilos y Vinos representa la capacidad de reinventarse, de transformar una pasión en un proyecto y de crear una propuesta innovadora en uno de los principales destinos turísticos del sur de Chile.
Mientras continúa desarrollando nuevas experiencias y ampliando su oferta, Carla Prieto sigue demostrando que emprender también puede ser una forma de interpretar el mundo: combinando música, vino y emociones en una experiencia que, hasta ahora, es única en Pucón.
Por Marcelo Patroni, director de El Fuerte Noticias







