Lo que comenzó como una búsqueda de tranquilidad tras el estallido social y la pandemia terminó transformándose en un proyecto de vida en La Araucanía. Hoy, lidera De Vinilos y Vinos, una innovadora propuesta que combina música, degustación y neurociencia, convirtiéndose en una de las experiencias turísticas más originales de Pucón.
En 2020, mientras Santiago enfrentaba las consecuencias del estallido social y la pandemia, la emprendedora Carla Prieto comenzó a cuestionarse la fragilidad de una vida construida completamente en la capital.
Junto a su pareja volvieron a mirar un terreno que habían adquirido en Pucón una década antes. La idea inicial era sencilla: construir una pequeña cabaña que sirviera como refugio temporal si alguna vez se repetía una situación similar.
Sin embargo, la vida tenía otros planes. La cabaña terminó convirtiéndose en una casa. La casa en una nueva forma de vivir. Y esa nueva vida dio origen a uno de los emprendimientos más innovadores del sur de Chile.
“Muchas veces uno fuerza las cosas y no resultan. En nuestro caso, las condiciones se fueron dando de manera natural”, relata Carla, propietaria de un centro dental en Santiago desde 2012, negocio que sigue siendo el principal sustento familiar.
Ingeniera comercial, especialista en marketing y con estudios de periodismo, asegura que siempre ha sido una persona dispuesta a asumir riesgos. “En mi vida siempre he tomado decisiones importantes apostando por nuevos desafíos”, comenta.
Abrirse espacios en una comunidad diferente
La llegada a Pucón también significó enfrentar desafíos personales. Carla reconoce que aterrizó en una ciudad mucho más tradicional de lo que estaba acostumbrada en Santiago. Llegó sin redes de apoyo, sin una historia previa, en una comuna mayoritariamente conservadora y, al ser una mujer emprendedora y viviendo en pareja con otra mujer, debió abrirse espacio en una comunidad donde no conocía a nadie.
Con el tiempo fue construyendo vínculos y ganándose un espacio en la comunidad local, lo que ha complementado con una vida política y social que la llevó postular como concejala aunque no salió electa.
Hoy participa y apoya distintas organizaciones, manteniendo una relación cercana con personas nacidas y criadas en Pucón, quienes incluso le han comentado que les sorprende la forma en que logró integrarse a una sociedad que históricamente ha sido bastante cerrada.
Una conversación que cambió el rumbo
La idea de emprender surgió de manera tan inesperada como espontánea. Durante una conversación con amigos, mientras buscaba qué proyecto desarrollar en esta nueva etapa de su vida, apareció una pregunta simple: ¿qué es lo que más te gusta? La respuesta llegó inmediatamente: el vino y la música.
Entre bromas, sugerencias e ideas compartidas comenzó a tomar forma un concepto que terminaría convirtiéndose en realidad. Incluso el nombre surgió en aquella misma conversación: De Vinilos y Vinos. El proyecto comenzó con apenas diez botellas que Carla tenía en su casa y algunos vinilos de su colección personal.
La oportunidad llegó cuando el gerente del Hotel Pucón le comentó que existía la posibilidad de instalar una tienda dentro del recinto. Al día siguiente inició los trámites para obtener una patente comercial. Su intención nunca fue abrir una botillería tradicional, sino un espacio especializado capaz de ofrecer experiencias y productos diferentes.
Lo que nació como una pequeña tienda hoy reúne más de 120 etiquetas provenientes de viñas boutique y pequeños productores de distintas zonas del país. Además de comercializar marcas exclusivas difíciles de encontrar en supermercados, el lugar se ha convertido en una vitrina para proyectos de menor escala y para viñas emergentes de La Araucanía, entre ellas Aynco, Kutralkura y Quimey, además de productores del Valle del Itata, Limarí y Valle Central.
Cuando la neurociencia entró en la copa
Pero el verdadero sello distintivo de De Vinilos y Vinos apareció cuando Carla comenzó a estudiar neurociencia. Su interés por comprender cómo funciona el cerebro frente a los estímulos sensoriales la llevó a investigar la relación entre la música y la percepción del vino.
Descubrió entonces estudios que demostraban que una misma bebida puede generar sensaciones completamente distintas dependiendo del entorno sonoro que la acompaña. A partir de ese conocimiento creó una experiencia inmersiva que hoy atrae a turistas de distintos puntos del país.
Los participantes utilizan antifaces y audífonos para aislarse del entorno mientras degustan distintos vinos acompañados por relatos y selecciones musicales cuidadosamente diseñadas. La propuesta busca demostrar cómo la música puede modificar la forma en que el cerebro interpreta aromas, sabores y sensaciones.
“El vino es exactamente el mismo, pero las personas lo perciben de manera diferente según la música que escuchan. Algunos lo sienten más profundo, otros más ácido, más elegante o más intenso. Lo interesante es que el cambio ocurre en nuestro cerebro”, explica.
Las sesiones se realizan en grupos reducidos y cada maridaje musical es construido especialmente para resaltar determinadas características de los vinos. Un Riesling floral puede dialogar con un suave bossa nova. Un Pinot Noir puede adquirir nuevas dimensiones acompañado por canciones de The Beatles.
Y aunque el vino es el mismo para todos, la experiencia nunca se repite. “Cada persona llega con recuerdos, emociones y experiencias distintas. Hay quienes recuerdan momentos importantes de su vida, otros se emocionan o descubren sabores que antes no habían percibido. Por eso cada experiencia es única”, comenta.
Lo que comenzó con diez botellas y algunos vinilos, hoy se ha transformado en una experiencia turística que distingue a Pucón.
Mientras su pareja mantiene viajes permanentes entre Santiago y Pucón para atender las responsabilidades de la clínica dental familiar, Carla sigue apostando por un proyecto que nació casi por casualidad y que terminó convirtiéndose en una nueva forma de vida.
Porque, a veces, las mejores historias no nacen de un plan cuidadosamente diseñado, sino de una conversación entre amigos, una colección de vinilos y la decisión de atreverse a comenzar de nuevo.
Por Marcelo Patroni, director de El Fuerte Noticias







