La regulación comenzó a regir este 17 de junio y obliga a las empresas a incorporar tecnologías y mejores prácticas para reducir los olores generados por plantas de harina, aceite de pescado y alimento para peces. El principal impacto se concentrará en la Región del Biobío, donde se ubica la mayor cantidad de instalaciones sujetas a la nueva normativa.
Un total de 12 plantas ubicadas en tres comunas de la región del Biobío deberán iniciar un proceso de adecuación para cumplir con la nueva Norma de Emisión de Olores para el Sector Pesquero, regulación impulsada por el Ministerio del Medio Ambiente que comenzó a regir este 17 de junio.
La normativa establece por primera vez en Chile exigencias específicas para controlar los olores provenientes de plantas de harina y aceite de pescado, además de instalaciones dedicadas a la elaboración de alimento para peces, una actividad que durante años ha generado reclamos por parte de comunidades vecinas a complejos industriales del país.
Aunque la norma tendrá aplicación nacional y alcanzará a 32 instalaciones distribuidas entre Arica y Magallanes, su principal impacto se concentrará en la Región del Biobío, donde operan 12 plantas sujetas a la nueva regulación. Se trata de la mayor concentración de industrias de harina y aceite de pescado del país, particularmente en las comunas de Coronel, Lota y Talcahuano, donde históricamente se han registrado episodios asociados a malos olores provenientes de la actividad pesquera industrial.
En la macrozona sur la realidad es distinta. En La Araucanía, más del 90% de los desembarques pesqueros regionales se concentran en las caletas de la comuna de Toltén y corresponden principalmente a actividad artesanal, sin presencia de plantas reductoras de harina y aceite de pescado. En Los Ríos destaca la operación de Pesquera del Golfo en Corral, mientras que en Los Lagos la actividad regulada está asociada principalmente a la producción de alimento para peces destinada a la industria salmonera.
Debido a esta estructura productiva, la entrada en vigencia de la norma no debería generar impactos significativos en las industrias pesqueras de La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos, a diferencia del Biobío, donde se concentra el mayor desafío de inversión y adecuación tecnológica para cumplir con los nuevos estándares ambientales.
Una norma para reducir impactos ambientales
El seremi del Medio Ambiente del Biobío, Mario Delannays, destacó que la entrada en vigencia de la norma permitirá avanzar hacia una mejor convivencia entre la actividad productiva y las comunidades. “La entrada en vigencia de esta norma es una muy buena noticia para el país y en particular para nuestra región. Permitirá reducir los impactos por olores asociados a la industria pesquera en tres comunas, mejorando la calidad de vida de las personas y promoviendo procesos productivos con mayores estándares ambientales”, señaló.
La regulación establece límites de emisión y plazos graduales para que las empresas incorporen tecnologías de control. Las plantas existentes que aún no cuentan con sistemas modernos de abatimiento deberán reducir sus emisiones de olor en un 70% dentro de los próximos cuatro años. En tanto, aquellas que ya disponen de tecnologías de control deberán acreditar un impacto máximo de cinco unidades de olor, mientras que para las nuevas instalaciones el límite será de tres unidades.
Además de los límites de emisión, la normativa incorpora exigencias de buenas prácticas operacionales orientadas a prevenir y controlar la generación de olores durante el funcionamiento cotidiano de las instalaciones.
La ministra del Medio Ambiente, Francisca Toledo, explicó que la medida busca compatibilizar el crecimiento de la actividad productiva con una mejor calidad de vida para las comunidades. “Queremos que la industria pesquera siga creciendo, pero de forma sostenible. Por eso esta regulación entrega certeza y gradualidad para que las empresas incorporen tecnología y mejoren sus procesos. El resultado son más de 138 mil personas con mejor calidad de vida y un sector más moderno y competitivo”, afirmó.
Adaptación al nuevo escenario
La industria pesquera del Biobío venía preparándose para este escenario desde hace varios años. A través de ASIPES, la Asociación de Industriales Pesqueros y Procesadores del Biobío, las empresas han impulsado protocolos de buenas prácticas e inversiones orientadas a la gestión y reducción de olores en sus instalaciones, participando además en el proceso de elaboración de la normativa.
En el caso de la industria salmonera, las principales implicancias de la norma recaen sobre las plantas productoras de alimento para peces. Desde el sector destacan que durante los últimos años se han realizado importantes inversiones para modernizar estos procesos, incorporando nuevas tecnologías y reformulando las dietas de cultivo. Mientras antiguamente predominaban materias primas biológicas tradicionales, hoy existe una creciente participación de ingredientes de origen vegetal y otras fuentes alternativas, lo que ha permitido avanzar en sustentabilidad y reducir impactos ambientales asociados a la producción de alimentos para salmones.
La elaboración de esta normativa comenzó en 2019 y contempló un amplio proceso de participación que incluyó reuniones con representantes del sector productivo, gremios y organismos públicos, además de una consulta ciudadana que recibió 120 observaciones.
La fiscalización del cumplimiento de la norma estará a cargo de la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA), organismo que deberá supervisar la implementación de las medidas y el reporte de información por parte de las empresas reguladas.
Por Marcelo Patroni, director de El Fuerte Noticias
















